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¿Qué calefacción me pongo?

Doris Soro ToránMás de la mitad del gasto energético de una vivienda durante el invierno se va en calefacción, de ahí la necesidad de elegir el sistema más conveniente para nosotros en función de la zona donde se ubique la vivienda, de su tamaño, orientación y de la calidad de los elementos aislantes, además de otras consideraciones, como por ejemplo si se plantea instalarla durante una reforma donde igualmente habrá que tocar instalaciones, si no es así ¿estamos preparados para sumir una obra? … y con todas estas variables ver qué sistema nos resulta a nosotros más rentable a la larga.

En primer lugar hay que distinguir entre sistema de calefacción y tipo de combustible que alimenta esa calefacción.

Los sistemas de calefacción más habituales son los radiadores, de hierro fundido, aluminio, acero o nuevos materiales como el DuPont Corian que ofrece una mayor transferencia de calor; y los sistemas radiantes, compuestos por una red de tuberías o cables, según calienten por agua o por electricidad, integrados en el suelo o en las paredes, que proporcionan una temperatura homogénea y confortable. Es el calor más natural y tiene la ventaja de que no se ven los elementos emisores, aunque la instalación es cara.
Ambos sistemas se alimentan, mediante una caldera, con diferentes tipos de combustible:

- Gas natural: si hay canalización hasta la vivienda es la elección más usual. Es cómodo de utilizar, no es necesario espacio de almacenamiento, es un sistema limpio y no contaminante que proporciona calor constante y homogéneo, y aunque su precio no es ahora el más económico, la fácil regulación del calor y la posibilidad de utilizar calderas de condensación que permiten un ahorro energético de hasta un 30%, hacen que en general sea una de las mejores opciones para climas fríos.

- Gas propano: puede ser un sistema “puente” para zonas donde se prevea una próxima canalización de gas natural, pues la caldera puede utilizarse con ambos combustibles con tan sólo un pequeño cambio. Su coste es muy bajo, pero presenta el inconveniente de que hay que disponer de un espacio de almacenamiento bien acondicionado para evitar la posible acumulación de gases, a la que es más propenso que el gas natural.

- Gasoleo: es el combustible más utilizado en viviendas a las que no llega el gas canalizado, aunque presenta varios inconvenientes como ser un sistema contaminante, y la necesidad de un espacio de almacenaje para ubicar la caldera y un depósito de entre 700 y 1500l. que sea, preferiblemente accesible desde la calle para poder rellenar el depósito sin problemas.

- Otros: leña, biomasa, cáscara de frutos secos…, todas ellas alternativas que se contemplan fundamentalmente en casas de campo.

Otra fuente de calor es la electricidad, que puede alimentar tanto sistemas radiantes como radiadores. En este último caso, es un sistema de fácil instalación aunque por su alto consumo se recomienda sólo para climas templados. No obstante, las diferentes marcas ya incorporan distintos sistemas para ahorrar energía y reducir el consumo: tecnología inverter, radiadores de baja temperatura, el sistema Calor Verde, que emplea un 50% menos de energía eléctrica para calentar la misma superficie pues lo hace mediante infrarrojos…

La alternativa es conseguir energía eléctrica mediante paneles solares, si se prevee un buen rendimiento en nuestra zona, siendo éste además un sistema muy apropiado para la calefacción radiante.

Por último tenemos la bomba de calor, recomendada para climas cálidos. Permite disponer también de aire acondicionado en verano con el mismo aparato. Debido a su alto consumo es conveniente elegirlas de alto rendimiento, que permiten un ahorro importante en el consumo.

Una vez elegido el sistema más adecuado a nuestras circunstancias, lo que ya de por sí supondrá un gran paso en la reducción del consumo, hay varias acciones que podemos llevar a cabo para ahorrar energía: instalar válvulas termostáticas en los radiadores si los hay y termostatos digitales, mantener la temperatura diurna a 20°C y a 15°C la nocturna (cada grado de más supone aproximadamente un 7% más de consumo) y por supuesto contar con un buen aislamiento, lo que puede hacernos ahorrar hasta un 40% de energía.

Doris Soro Torán
Interiorista
www.decoration-line.com
doris@decoration-line.com

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