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Iluminación doméstica. Principios básicos

Doris Soro ToránLa luz configura los espacios y su calidad e intensidad influyen en nuestros estados de ánimo. De la iluminación depende, en mayor medida que de cualquier otro elemento decorativo, que un ambiente se perciba frío o acogedor, triste o alegre, insulso o dinámico… ¿Por qué entonces le prestamos tan poca atención? ¿En cuántas casas el salón se ilumina sólo con focos en el techo que crean un ambiente frío y desangelado o el espejo del baño devuelve una imagen llena de sombras que hacen desagradable el aseo diario?

Hay muchas variables a tener en cuenta para lograr una buena iluminación, que veremos en sucesivos artículos, pero para empezar, aquí van unas cuantas pautas que pueden ayudarnos a mejorar la iluminación de nuestro hogar.

Cuando hablamos de iluminación, solemos referirnos a la artificial, pero antes de dedicarnos a ella, hay que tener en cuenta la luz natural con la que contamos pues nos servirá de base para nuestro esquema decorativo. ¿Por qué? Pues porque un buen proyecto de decoración ha de basarse entre otras consideraciones, en la forma de optimizar la luz existente. Esto se logra en primer lugar haciendo un análisis de la orientación de la vivienda para decidir qué estancias nos interesa que estén en una ubicación determinada para recibir el sol en un momento dado del día o cuales es preferible que reciban luz de una orientación en particular. Por ejemplo, la luz del norte puede ser interesante en un estudio de un artista, pues es la que mejor reproduce los colores, o podemos situar el salón de forma que reciba la luz del atardecer si lo utilizamos a esa hora para alargar el momento de recurrir a la luz artificial.

Aunque no siempre podamos decidir la ubicación de las diferentes estancias en función de la luz natural, sí podemos optimizar ésta de otras maneras: mediante una adecuada elección de los colores, utilizando cortinas o estores que ayuden a aumentarla o reducirla según las necesidades o mediante la distribución del mobiliario, alejando las piezas más voluminosas de la entrada de luz.

Una vez decidida la distribución tanto de los ambientes como del mobiliario dentro de los mismos, en función de la luz natural que reciben, pasaremos a planificar la iluminación artificial. Antes de lanzarnos a colocar lámparas sin ton ni son, debemos estudiar qué usos vamos a dar a la habitación (por ejemplo, en un dormitorio ¿necesitamos también una zona de tocador o un pequeño escritorio?) y cuántos posibles escenarios pueden darse en cada una (es decir, cuántas situaciones nos planteamos, por ejemplo, en un salón podemos: ver la televisión por la noche en penumbra, cenar con los amigos en la zona de comer, estar por la tarde toda la familia reunida en los sofás…), decidiendo en función de estas consideraciones dónde son necesarios los puntos de luz, interruptores y enchufes.

Cuando se deciden los diferentes puntos de luz que va a haber en un espacio, también puede decidirse la forma de encenderlos:

- Los interruptores conmutados nos permiten encender y apagar una misma lámpara o conjunto de focos desde varios sitios diferentes.

- Los reguladores de intensidad son muy útiles para controlar el nivel de iluminación que deseamos según la actividad que estemos realizando. Pueden colocarse para regular una línea de focos o incluso en una sola lámpara.

- Los sensores de presencia permiten el encendido de las luces sin necesidad de interruptores. Pueden ser útiles en zonas de paso, aunque su uso no está muy extendido en espacios domésticos. En la misma línea, podemos conectar las luces del recibidor a la apertura de la puerta de entrada, para tener siempre un recibimiento acogedor.

Por último, tendremos de decidir el tipo de bombillas que utilizaremos. Aunque esta elección está íntimamente relacionada con los diferentes tipos de luz que ha de haber en cada habitación (general, puntual, de ambiente…) y lo trataremos más extensamente otro día, sólo apuntar los tipos más habituales, que son: las de incandescencia, que tienen los días contados debido a las nuevas leyes de eficiencia energética; las halógenas que son las herederas de las anteriores por su buena reproducción de los colores y su calidez, comparable a la de las incandescentes, y las lámparas de fluorescencia, con su opción de bajo consumo y la posibilidad de elegir luz cálida o fría. Otro tipo de fuentes de luz como los leds, aunque pueden utilizarse, son más apropiados para espacios comerciales por sus especiales características, que hay que valorar para justificar su alto precio.

Doris Soro Torán
Interiorista
www.decoration-line.com
doris@decoration-line.com
http://twitter.com/decoration_line


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