Nuestro cerebro posee una capacidad inmensa pero, en ciertos aspectos, obedece sólo a los estímulos más directos. Desde pequeños hemos acostumbrado nuestra mente a la siguiente fórmula: cama + noche = sueño. Por eso, cuando variamos los estímulos, abrimos la puerta al insomnio y a las noches sin descanso.
La habitación es únicamente para dormir
A medida que aumentan nuestras aficiones y disminuyen los metros de la vivienda, las habitaciones se van pareciendo a las suites de los hoteles, con toda la tecnología a nuestro alcance. El cansancio acumulado durante el día y la comodidad conducen a utilizar el dormitorio como comedor, salón, despacho o espacio de ocio. En esta circunstancia resulta muy difícil distinguir en qué momento debemos pasar de la vigilia al sueño.
Para lograrlo, hay que recuperar el valor tradicional del dormitorio y utilizarlo exclusivamente para dormir. Actividades como comer, ver la televisión, estudiar, trabajar, etc. deben estar prohibidas sobre el colchón. Lo ideal es usar la habitación para algo que nos relaje y ayude a evadirnos de los problemas del día como puede ser leer un libro.
Una habitación ordenada invita a descansar
El orden es sumamente importante para que nuestra mente repose. En una habitación llena de objetos innecesarios será muy difícil conciliar el sueño. Tras hacer limpieza y liberar espacio en esta estancia, aprovechará mejor las horas de sueño.
Un sueño tranquilo, sin luz ni ruido
Para descansar, hay que luchar contra los dos enemigos del descanso: el ruido y la luz. Las armas contra el ruido dependerán del grado de contaminación acústica que tenga su dormitorio y oscilarán entre los clásicos tapones para los oídos hasta la necesidad de aislar paredes y ventanas. Una solución factible es cubrir el suelo con moqueta o alfombras y colgar cortinas gruesas y opacas que, además de disminuir el ruido, evitarán la entrada de luz.
También, es importante mantener la habitación sin referencias horarias pues está demostrado que el durmiente que se despierta durante la noche y no consulta la hora, recupera el sueño con mayor facilidad. Así, además de mantener las persianas bajadas, deberíamos situar el despertador de espaldas a nosotros para evitar la tentación de mirarlo.
Mantener la temperatura adecuada
Una habitación confortable debe tener una temperatura entre los 18º y los 22º. Además, hay que mantener el ambiente ligeramente húmedo para no resecar las vías respiratorias. Si en invierno utiliza calefacción, coloque un humidificador o un recipiente con agua. Durante el día, se debe ventilar la habitación y el equipo de descanso.
Un buen equipo de descanso
Revise su colchón periódicamente y compruebe que sus condiciones son óptimas. El colchón debe sustentar todas las partes de nuestro cuerpo y ajustarse a nuestra anatomía. Con ello mantendrá la columna vertebral alineada y evitará la aparición de puntos de presión que obliguen a cambiar la postura durante la noche. En cuanto a la sensación, los expertos recomiendan huir de los extremos. De esta manera, ni son óptimos los colchones muy blandos ni los excesivamente duros. Lo mejor es optar por una firmeza intermedia.
Respecto a la higiene, debe evitar la sudoración. Las sábanas realizadas con 100% algodón natural permiten una mayor circulación del aire, por lo que la humedad se va fácilmente. Por eso, son frescas en verano y guardan el calor en invierno. Mezcladas con una pequeña cantidad de poliéster se secarán más rápido y no se arrugarán tanto. Cuanto más sintético sea el material de la ropa de cama peor será la ventilación del equipo de descanso.
El tejido exterior del colchón también es importante. En el mercado existen colchones que incorporan tratamientos antiácaros y antibacterias y poseen otras propiedades como el efecto antiestrés que favorece un descanso más relajado y duradero.
Descansar requiere un espacio habilitado para ello y un equipo preparado para tan importante tarea. Disponer de todas estas características es el primer paso para conseguir felices sueños.
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